Redactado por: Sara Nicole Cárdenas Abril
Esta técnica de demolición de grano llegó a Tunja en 1541 y se extendió a pueblos como Villa de Leyva y Samacá. En ese tiempo, los molinos y las iglesias definieron cómo se construyeron los primeros municipios al rededor de estas construcciones. Sorprendentemente, varias de estas estructuras siguen en pie tras soportar siglos de uso.
Pueblos como Socha y Jericó están usando estos molinos para procesar trigo orgánico. Esta harina artesanal ya la compran marcas reconocidas como Crepes & Waffles para sus recetas. Así apoyan al campo y el sustento de familias boyacenses que viven solamente de esta labor .
Investigaciones recientes revelan que muchos molinos e iglesias antiguas no tienen protección oficial. Los expertos piden intervenir a tiempo para evitar que se deterioren. Proteger estos lugares impulsa el turismo cultural y la economía campesina.
El agua baja por un canal y mueve una rueda de madera bajo la estructura. Este movimiento hace girar una piedra pesada sobre otra piedra fija. El trigo cae en el medio y sale convertido en harina pura , el rescate de estas estructuras no solo protege la memoria histórica de Boyacá, sino que le devuelve la autonomía a las familias campesinas.

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